Yo no lo aplaudo

Escuchar a Roy Haynes un viernes por la noche en Buenos Aires te hace olvidar algunos de los males de este mundo. Se presentó este viernes(01/06/2001) en el ciclo Contemporanea Live , en el salón Libertador del Hotel Sheraton, Roy Haynes Trío, con John Pattitucci en contrabajo, Danilo Perez en piano y Roy Haynes en batería, magia y prestidigitación.

Hablar de placer sería lo más cercano a lo que se escuchó, pero no solo se escuchó, se vivió. Recorrer la trayectoria de un músico que ha tocado con Monk, Billy Holliday, Lennie Tristano, Charlie Parker y tantos más, resulta condicionante o excesivo, pero sirve de referencia. Este señor de la música, hace con dos palillos y un par de pedales lo que muchos no podrán hacer nunca con una orquesta, siete elefantes amaestrados y cuatro tigres de Bengala, juega, quiere jugar siempre, se pone el palillo en la frente y recorre en circulo el auditorio, buscando la complicidad de un público sediento de juego. Roy Haynes, el maravilloso Danilo Perez que llena la pileta para que todos nos podamos zambullir y Patitucci tal vez el más "academico" de los tres, que toca como el mismisimo diablo.

Hay temas en que parecen un solo músico, sus tres instrumentos se unen tan bien que no dudaría en pensar que estoy escuchando algo nuevo e irrepetible, un instrumento que vibra, percute y suena, tocado por tres corazones. En otro momento la batería de Haynes camina por la ciudad, se escuchan los pasos de un tipo que te lleva de la mano al reino de la música, de donde tal vez no quieras volver ya más. En otro momento es Danilo Perez el que se levanta de su piano y se acerca a la usina mágica, acaba de sonar algo unico, y el tipo se pone de cuclillas al lado de Haynes para ver como lo hizo, no Danilo, eso no se ve, eso se lo podrás contar a tus nietos alguna vez.

Setenta y cuatro años tiene Haynes, madre mía, que jugador. Mientras tocaban, y el público aplaudía ante cada intervención interesante, yo pensaba que no hay que aplaudir, a tipos así no hay que aplaudirlos porque los aplausos te impiden escucharlo, aplaudilo después, cuando se levante, mientras esta tocando no lo aplaudo. No aplaudí hasta el final, el concierto terminó y salí a la calle, fue extraño, la gente no me miraba demasiado bien, camine esas treinta cuadras hasta casa, con las miradas extrañadas de los desconocidos. ¿Que pasa? nunca vieron a un tipo aplaudiendo durante treinta cuadras.

Damián.

Fotogrtafías Jorge Freytag

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