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La belleza de lo sencillo La noche
cundía en asombrosa calma. En la colmada sala, el talentoso escritor
argentino Vicente Battista aspiraba de su pipa fino tabaco inglés.
Sus volutas coqueteaban con haces de luces blancas, rojas, azules
y verticales, perdiéndose en la altura del sitio, cuando de la nada
y desde el piano de Alejandro Manzoni y las cuerdas del contrabajo
de Fernando Galimany explotaron bellas las primeras melodías en
dueto de "Night And Day" de Cole Porter; poco antes que ellas acabaran
en desgranarse y por entre la gente, caminando por una senda no
imaginada, surgió la figura de la vocalista Ludmila Fernández, conformándose
de esa forma el lujoso trío. Con su virtuosismo a pleno, Alejandro
Manzoni lució sus arreglos en soleo con "Vals for Debby" de Bill
Evans, en tanto el contrabajo de Fernando Galimany esparcía dulces,
ajustados e impecables tonos graves, marcando desde su fraseo el
pulso en el imaginario y benéfico "duelo" instrumental del trío.
Fernando hizo de las suyas en "Song for My Father", dejando caer
por todo el ancho y estrangulado cuerpo de su Double-Bass los arreglos
de su autoría realizados al tema, cuya paternidad corresponde a
Horace Silver. En tanto, Ludmila Fernández colocaba su voz a niveles
celestiales; "Caravan" (Duke Ellington), "Desafinado" (Tom Jobim)
y "Good Bye Pork Pie Hat", bellísimo blues de Charles Mingus, fueron
la mejor miel de la noche. La vocalista domina la técnica de Scat
en forma admirable, sin abusar de ella, utilizándole como quien
bebe un excelso vino, sorbo a sorbo, espaciadamente. Un show espléndido
para una noche con más de cien personas disfrutando gozosos del
altísimo nivel --rayando la perfección--, de tres Señores músicos.
Ello no es poco hoy en día en la maldita ciudad de la furia. Buenas
noches.
Norberto Trinchieri "Primer
Under Jazz Festival®"
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